Por qué ‘It’ es la novela definitiva de Stephen King

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Pregunta a un lector reincidente de Stephen King cuáles son sus novelas favoritas. No se lo habrá leído absolutamente todo dado el apabullante volumen de producción del autor. Pero cabe la posibilidad de que haya pasado por las más importantes: las más populares, las de adaptaciones más taquilleras, unas cuantas rarezas y algunas cosas inhóspitas, como las novelas bajo seudónimo de Richard Bachman. Sí, la mayoría de fans de Stephen King son de largo recorrido.

En esa selección de obras siempre va a haber una serie de constantes. Por una parte, algún clásico impepinable. 'Salem's Lot'. 'El resplandor'. 'El umbral de la noche'. Por otra parte, la saga 'La torre oscura', que quizás ni se ha leído en su también abrumadora totalidad. Y luego, siempre, 'It', un tocho de mil y pico páginas que relacionamos con el King de los inicios, pero que fue publicada en 1986: es su novela número 18, que se dice pronto.

La flamante adaptación al cine en dos partes, que intentan hacer justicia a la descomunal longitud del libro, se suma a la cada vez más acusada reivindicación de la primera adaptación, un telefilm que aquí vimos remontado como una película. El payaso Pennywise ya es un icono del terror a la altura de Chucky o Freddy Krueger, y un aterrador símbolo para todos los que sufren el extendidísimo pánico a los payasos.

Pero… ¿es merecedora 'It', la novela original, de esa veneración, o es un ladrillo sobrevalorado y con un puñado de momentos afortunados que no merecen tanta fanfarria? Hemos releído la novela y nos hemos preguntado si 'It' es para tanto. Y nuestras conclusiones flotan.

Malos tiempos, grandes novelas

'It' es la novela número 18 y el libro número 22 publicado por Stephen King. La idea le llegó años antes de la publicación, en 1978: en una larga caminata a pie por un entorno solitario y agreste -pero industrializado- atravesó un puente que le recordó a un cuento clásico noruego, 'Las tres cabras macho Gruff'. En él, tres cabras cruzan un puente bajo el cual hay un aterrador troll que quiere comérselas. Se olvidó poco después de la idea, pero de algún modo quedó ahí, germinando.

Pasado un tiempo, pensó en lo poderoso de la idea de un monstruo oculto en las entrañas de la ciudad, y en la propia estructura de Bangor, donde él vivía, y que está dividida en dos por un enorme canal. El paso del puente en la novela a una red de canales y alcantarillas era obvio, y la visión de un pasillo (que también vio como metáfora de un puente) en la biblioteca de Stratford que comunicaba las secciones de literatura infantil y adulta terminó de redondear la estructura en dos épocas de la novela.

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En 1981, tras recibir un adelanto de tres millones de dólares por ella, comenzó a escribirla, y le dedicó cuatro años. En ese periodo de tiempo sus adicciones al alcohol (que arrastraba desde los setenta) y a la cocaína (droga de la que fue intensísimo consumidor entre 1976 y 1986) se incrementaron, y le hacían escribir a una velocidad furiosa y con un estilo verborreico e incontenible.

Sin embargo esa dependencia no le convirtió en un monstruo fuera de control. Cuenta su editor Chuck Verill que mientras King dirigía su única película hasta la fecha, 'La rebelión de las máquinas', "consumía a borbotones Listerine y pastillas. Pero aún así era un tío amable y coherente". Esa coherencia le permitió publicar entre 1986 y 1987 'It', 'Los ojos del dragón', 'Misery' y 'Tommyknockers'.

Todas ellas fueron grandes éxitos ('It' fue la novela más vendida en Estados Unidos en 1986), pero 'Tommyknockers' supuso un tropiezo crítico que hizo que King se planteara que su vida necesitaba un cambio. A partir de ahí vendría un bloqueo creativo momentáneo y un cambio en sus temas, abriéndose a géneros adyacentes como la fantasía oscura, y escribiendo novelas inconcebibles en el King de los ochenta, como 'Insomnia' o 'El retrato de Rose Madder'.

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'It', sin embargo, pertenece a una época furiosa y pesimista, donde los antagonistas de sus novelas son plasmaciones del Mal puro absolutamente invencibles. De hecho, 'It' es quizás el ejemplo más claro de este tema en toda su obra: con la edad lo ha ido matizando y haciendo más complejo, pero pocas veces se ha mostrado tan descarnado y salvaje como aquí. Las dependencias de King le hacían ser más directo y bronco, pero no afectó a su calidad literaria.

El examen final de Stephen King

'It' cuenta el enfrentamiento de un grupo de chavales (seis chicos y una chica) en los años cincuenta contra una encarnación maléfica que está aniquilando a los niños de su ciudad tomando distintas formas, aunque la más recurrente es la de un payaso siniestro llamado Pennywise. Y que cada 27 años esta fuerza maligna vuelve a atacar: descienden a las alcantarillas, donde se oculta, y le vencen (aparentemente).

27 años después, los caminos de todos se han separado, y solo uno de ellos permanece en la ciudad de Derry (una translación más o menos exacta, por cierto, de la propia Bangor de King). Los asesinatos vuelven a tener lugar y el Club de los Perdedores, como se hacían llamar, debe reencontrarse en Derry para enfrentarse a Eso.

Superficialmente, 'It' es la típica historia de enfrentamiento entre el Bien y el Mal que King ha contado una y otra vez, desde 'La torre oscura' a 'Apocalipsis' (la única novela de King más larga que It). Y no es el único tema habitual en King: la ambientación en los años cincuenta es recurrente en innumerables cuentos y novelas del autor, aunque quizás donde sea más patente en la novela corta 'El cuerpo', en la que se inspiró la película 'Cuenta conmigo' y que viene a ser un 'It' sin elementos sobrenaturales y casi sin componente macabro.

Desde un punto de vista más abstracto, hay más temas típicos de King en 'It'. Por ejemplo, el pasado sacudiendo el futuro. Quizás donde más ha sofisticado ese tema King ha sido en su saga de 'La torre oscura', aunque de nuevo hay múltiples ejemplos. Algunos muy conocidos: 'El resplandor' y esa vida anterior del hotel Overlook que se proyecta sobre el presente; 'Dolores Claiborne' y los crímenes del pasado pesando como una losa sobre el presente; o 'Verano de corrupción', que indaga en nuestra fascinación por el mal puro a través de los secretos que no deben ser desenterrados.

Sin embargo, King definió It en una entrevista con Time en 2009 como "su examen final en el terror". Es decir, se preguntó cómo sería "poner juntos todos los monstruos a los que un niño tiene miedo". Y es entonces cuando los libros de King dan el salto de terrores asombrosamente específicos, incluso banales en su cotidianeidad, a un tipo de terror más abstracto y universal.

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'El resplandor' trata del miedo al aislamiento. En 'Christine', el monstruo es un coche poseído. En 'Cujo', un perro rabioso. En los cuentos esa cotidianeidad se intensifica, y aparte de los objetos malditos típicos de la literatura de género, llega incluso a escribir sobre una lavadora industrial demoníaca. 'It', gracias a la naturaleza mutante de su villano, es todos los monstruos posibles.

Para ello, King recurre a una imaginería poderosa y primordial. Por una parte con un simbolismo que no hace falta más que la experiencia en los miedos comunes a toda la humanidad para desencriptar. Por ejemplo, con continuas referencias al agua, en escenas (el barquito en el mítico asesinato inicial, la presa que construyen los niños), escenarios (los Barrens, las alcantarillas) y el propio clima: a los personajes les está cayendo un chaparrón casi de continuo. Hay desagües que escupen sangre y suicidios en bañeras, hay un temor a todo lo que es líquido que entronca con el respeto y miedo intuitivo hacia el mar, y también es una metáfora del físico líquido del propio monstruo de 'It'.

Por otra parte, la universalidad de It viene de un monstruo que se puede convertir en virtualmente cualquier cosa que le da miedo a un niño. De fotografías antiguas a monstruos vistos en películas del cine y la tele, de payasos esforzándose con muy poco éxito por ser simpáticos a arañas gigantes. Y por supuesto, todo eso queda y permanece: no hay mucha diferencia entre los chavales aterrorizados por la oscuridad y sus contrapartidas adultas.

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Estos parecen haber triunfado laboralmente, pero no tanto en lo personal (¿un amargo recordatorio de King hacía sí mismo y su vida / carrera a principios de los ochenta?), atrapados en relaciones sentimentales tóxicas, inexistentes o sin descendencia. Los miedos que les atenazaban de niños no necesitan reencarnarse cada 27 años: han encontrado sus propios equivalentes. De hecho, había algo que les daba tanto miedo como las arañas gigantes: el miedo al rechazo, algo que todos compartían de un modo u otro, y del que han recibido sus buenas dosis siendo adultos (el caso de Beverly es el más obvio y devastador).

Pero… ¿es 'It' una novela perfecta?

La respuesta corta es que es muy complicado que una novela de más de mil páginas sea perfecta. Hay demasiado espacio para los altibajos. La respuesta larga es que 'It', pese a que King ya había dejado atrás los dubitativos inicios que arruinaban novelas como 'El resplandor' -a la que le sobran unos cuantos miles de palabras de relleno-, tiene unos momentos más afortunados que otros… sin por ello dejar de ser un libro extraordinario.

Significativamente, entre los momentos menos afortunados están los que no se han visto en las adaptaciones a televisión y cine, ni posiblemente veamos. Por ejemplo: el Club de los Perdedores descubre que It es un mal primordial que siempre ha estado en Derry imitando de forma muy poco creíble y práctica los rituales chamánicos de los nativos americanos. Una solución narrativa que exige demasiado al lector.

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Eso sin contar con la famosa escena de la orgía infantil, famosa precisamente porque ha sido ignorada en las dos adaptaciones que se han hecho de la novela, y que King ha defendido con un tajante "es fascinante que se haya comentado mucho más una simple escena de sexo y tan poco sobre los múltiples asesinatos de niños". En ambos casos (sumemos a todo ello el tema Tortuga Buena, que conocerán bien los lectores de la novela), son elementos que dan alcance cósmico y espiritual al enfrentamiento entre el Bien y el Mal, además de enlazar con temas que están en la saga de 'La torre oscura', pero a menudo justifican una serie de comportamientos y conocimientos en los protagonistas algo arbitrarios.

Capítulos como el de la orgía infantil o la revelación psicotrópica no son tan redondos como los de horror puro, pero no impiden que 'It' sea la Gran Novela Americana de Terror.

Dejando aparte estos pequeños problemas, 'It' funciona como un camión de horror puro directo a las meninges del espectador. Su plantel de personajes, su escogidísima selección de miedos infantiles, la contundente prosa que un King ya maduro usa a su antojo, su inteligente salto entre épocas… todo ello conforma una novela de Stephen King que puede no ser la más directa ni la más concisa, pero sí que sirve para resumir perfectamente la forma de entender el terror por parte del autor.

'It' es, en cierto sentido, la Gran Novela Americana de terror, y no es a causa de Pennywise, ni del trasfondo cósmico. Posiblemente sea la descripción de Derry como epicentro del mal, las profusas y agotadoras descripciones de lugares y callejuelas, la sensación de fisicidad que esta deriva psicogeográfica por el horror deja en el lector lo que la hace tan grande. Los saltos en el tiempo solo refuerzan esa sensación: las personas cambian, pero Derry permanece. Y el mal residente en ella también, aunque esté aletargado.

Han pasado treinta años desde la publicación de 'It', y King ha cambiado mucho como autor. Le sigue obsesionando la intersección entre pasado y presente, y sigue teniendo esa a veces ambigua, a veces franca visión maniquea del Bien y del Mal, pero ha abierto de forma extraordinaria su abanico de temas recurrentes. Eso sí, cuando se trata de dar miedo y reflexionar sobre lo que da miedo, pocas veces ha dado en el blanco con tanta precisión como en 'It'.

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