No todo es 4K y HDR: si eres un jugón, esto es en lo que fijarte al comprar una nueva tele

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El juego en resolución 4K UHD dejó de ser una utopía hace mucho tiempo. Eso sí, solo para los jugones que tenían la suerte de tener un PC de alta gama. En el ámbito de las consolas el panorama es muy diferente. Y menos prometedor. PlayStation 4 Pro y Xbox One X han llegado con la intención de deslumbrarnos con juegos en 4K, pero, como os explicamos en su momento, este modo de juego es factible en estas consolas, pero con muchos matices.

En cualquier caso, los televisores con resolución 4K UHD y tecnología HDR son muy apetecibles si queremos jugar en una pantalla con muchas pulgadas. Pero, si esperamos que nuestra experiencia sea realmente buena, es crucial que, antes de elegir nuestra tele, nos fijemos en varios parámetros que incidirán de una forma muy clara en su rendimiento, y, por tanto, también en nuestra experiencia. Estos son los auténticos protagonistas de este post.

El «talón de Aquiles»: la latencia de entrada

Esta es la más importante de todas las características que van a determinar cómo será nuestra experiencia cuando utilicemos nuestro televisor para jugar. La forma más correcta de identificar este parámetro es latencia de entrada y salida (input/output lag), aunque, para abreviar, en adelante lo llamaremos simplemente latencia de entrada, que es el término usado habitualmente por los jugones.

La latencia de entrada debe ser lo más baja posible para que nuestras acciones se reflejen en la tele de forma casi inmediata

Este parámetro mide el tiempo que transcurre desde el instante en el que llevamos a cabo una acción con nuestro mando, y nuestra consola o PC lo procesa y envía al televisor los fotogramas que reflejan ese efecto, hasta que esas imágenes son mostradas por el panel de nuestra tele. Este tiempo se mide en milisegundos (ms), y lo que nos interesa es que sea lo más bajo posible para que todas nuestras acciones se reflejen en las imágenes del televisor de una forma casi inmediata.

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Si nos gustan los juegos en los que la precisión y los reflejos van a determinar el desenlace de la partida, algo que sucede, por ejemplo, en los juegos de lucha y los de disparos en primera persona, es importantísimo tener una latencia de entrada baja. De lo contrario la experiencia dejará mucho que desear, sobre todo si nos gusta competir y nos enfrentamos a un rival que no sufre este problema.

Curiosamente, no todas las personas percibimos esta latencia de igual forma. La mayor parte de los jugones apenas nota la diferencia cuando nos situamos por debajo de los 40 ms, aunque hay quien sí lo hace. Casi siempre se trata de jugadores muy experimentados que han desarrollado una gran capacidad de coordinación. En cualquier caso, la diferencia entre unos televisores y otros en este escenario puede ser enorme.

No olvides tener esto en cuenta

La latencia de entrada está determinada sobre todo por el tipo de panel utilizado por la tele, el procesado de las imágenes, la resolución de la señal, la frecuencia de refresco y la activación de la tecnología HDR. Por esta razón, los fabricantes, que son conscientes de que muchos usuarios emplean sus teles para jugar, han decidido incluir un modo de juego que desactiva la mayor parte del procesado de las imágenes, que suele utilizarse, entre otras funciones, para escalar, interpolar, ajustar el brillo, incrementar la nitidez, modificar el color, minimizar el desenfoque de movimiento, eliminar artefactos, etc.

Cuando utilicéis vuestro televisor para jugar,
activad el «modo juego», pero no lo uséis cuando veáis películas

Y aquí llegamos al primer consejo que podemos daros: si vuestro televisor tiene algo parecido a un «modo juego» o «modo PC», usadlo cuando vayáis a jugar. Pero no lo activéis cuando estéis usando vuestra tele para ver un programa o una película. Y es que la latencia de entrada no es relevante cuando no estamos jugando, y el procesado realizado por el procesador de vídeo puede tener una influencia muy beneficiosa en la calidad de las imágenes (aunque no siempre si nos excedemos en los ajustes).

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Como he mencionado unas líneas más arriba, el panel también influye en la latencia de entrada. En las primeras generaciones de televisores OLED este parámetro era terrible para jugar por excesivo (de unos 60 ms), pero en los modelos actuales ha mejorado muchísimo. Bastantes teles OLED de última hornada nos ofrecen una latencia que oscila en torno a los 20 ms con el HDR activado, una cifra estupenda que, esta vez sí, nos permite jugar con garantías.

En lo que concierne a la latencia de entrada, los televisores con panel LCD están un paso por delante de los OLED

Los mejores televisores con panel LCD están un paso por delante de los OLED en lo que tiene que ver con este parámetro. Y es que algunos modelos tienen una latencia que oscila entre 12 y 15 ms. Eso sí, si hilamos realmente fino merece la pena tener en cuenta que los paneles VA suelen ofrecer una latencia de entrada más baja que los IPS. En cualquier caso, el mejor resultado en lo que concierne a la latencia casi siempre lo obtendremos con un buen monitor para PC, por lo que es una opción que podemos considerar si somos muy exigentes, aunque tendremos que sacrificar pulgadas.

Un último apunte: tened en cuenta que nos interesa conocer la latencia de entrada con el HDR activado, y utilizando la resolución y la frecuencia de refresco que solemos emplear para jugar. La latencia puede fluctuar sensiblemente en función de estos parámetros, y de poco nos sirve hacernos con una consola de última generación compatible con HDR si la latencia de nuestra tele al activarlo es alta. La experiencia puede ser un auténtico desastre.

Otro problema: el desenfoque de movimiento

Algunas personas creen que la latencia de entrada y el tiempo de respuesta son lo mismo. Y no es así. De la latencia acabamos de hablar largo y tendido, así que ahora nos ceñiremos al tiempo de respuesta. Este parámetro mide el tiempo invertido por un píxel del panel en cambiar el color que está emitiendo, lo que, como veis, no está relacionado con la latencia de entrada. De hecho, el tiempo de respuesta es claramente más reducido que esta latencia (puede ser, incluso, inferior a 5 ms).

Sin embargo, y esto es lo realmente importante, sí está relacionado con el desenfoque de movimiento (motion blur). Si el tiempo de respuesta no es lo suficientemente bajo pueden aparecer halos y bordes poco definidos cuando el panel muestra imágenes en movimiento, lo que afecta negativamente a nuestra percepción de la nitidez, y, en consecuencia, también a nuestra experiencia.

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El tiempo de respuesta ejerce una influencia decisiva en la posible aparición del desenfoque de movimiento

Los paneles de los monitores suelen tener tiempos de respuesta muy bajos, con frecuencia inferiores a los 5 ms. Los de los televisores suelen ser algo más altos, pero muchos modelos lo corrigen introduciendo un modo de procesado conocido como reductor del desenfoque de la imagen diseñado para definir los objetos borrosos, mejorando así claramente su nitidez.

En lo que concierne al tiempo de respuesta, curiosamente, sucede lo contrario que con la latencia de entrada: los mejores televisores dotados de un panel OLED aventajan a los mejores modelos con panel LCD. Esto se debe, sencillamente, a que el tiempo de respuesta de los OLED es inferior, por lo que en ellos el desenfoque de movimiento es muy bajo, o, incluso, prácticamente inexistente.

Esto, como hemos visto, nos garantiza que tendremos unas imágenes fluidas y nítidas, que es lo deseable. Aun así, muchos televisores LCD de gama media y alta incorporan buenos paneles que nos aseguran un tiempo de respuesta muy reducido, y, en consecuencia, la casi total ausencia de desenfoque de movimiento.

¿Y el panel? Mejor de 10 bits

Los televisores que podemos encontrar actualmente en el mercado incorporan un panel de 8 o 10 bits. Habitualmente estos últimos son los utilizados en los modelos de gama media/alta, o, directamente, en las gamas alta y premium, quedando relegados los paneles de 8 bits a los modelos más económicos. En cualquier caso, lo que nos interesa saber es que esta característica revela qué profundidad de color puede reproducir nuestro televisor.

Un panel de 8 bits es capaz de reproducir 256 tonos diferentes (28) de cada uno de los colores básicos que componen las imágenes (rojo, verde y azul). Esto significa que los televisores que los incorporan pueden reproducir un espacio de hasta 16,7 millones de colores distintos (2563). En principio no está nada mal, pero lo cierto es que la llegada de los televisores con resolución 4K UHD y tecnología HDR, que pretenden ofrecernos imágenes mucho más parecidas a las que podemos observar cuando miramos el mundo real, se beneficia de una profundidad de color aún mayor.

Los paneles de 10 bits son capaces de reproducir un espacio de algo más de 1.073 millones de colores, algo necesario para que el HDR luzca como merece

Esto es, precisamente, lo que nos ofrecen los paneles de 10 bits. Si hacemos los mismos cálculos que acabamos de realizar con los paneles de 8 bits podemos darnos cuenta de que, en esta ocasión, es posible representar cada color básico con un abanico de 1.024 tonos distintos (210). Y, en consecuencia, los paneles de 10 bits consiguen reproducir un espacio de algo más de 1.073 millones de colores diferentes (1.0243). Como veis, la diferencia entre unos paneles y otros es enorme, lo que provoca que el realismo de las imágenes de los paneles de 10 bits y su precisión cromática sean mayores que las de los paneles de 8 bits.

Panasonic

No obstante, hay algo que debemos tener en cuenta. Algunos televisores equipados con un panel de 8 bits incorporan un motor de procesado que recurre a técnicas FRC (Frame Rate Control) para generar un espacio de color más amplio, utilizando píxeles adyacentes de colores diferentes que nos brindan la sensación de que estamos contemplando un tercer color que, en realidad, no forma parte del espacio de color del panel de 8 bits.

De igual forma, también hay televisores dotados de paneles de 10 bits nativos que son capaces de realizar un procesado y una gestión del color de 12 bits, lo que aporta un plus de calidad que también merece la pena tener en cuenta. No obstante, esta técnica solo suele estar presente en los modelos de las gamas alta y premium, por lo que su precio casi siempre es más elevado que el de los televisores que incorporan un panel de 10 bits normal y carecen de este procesado.

El submuestreo del color

El siguiente punto que vamos a tratar nos interesa conocerlo para que podamos entender cómo gestiona nuestro nuevo televisor el color. El submuestreo del color es una técnica utilizada tanto en aplicaciones profesionales como domésticas para, por un lado, reducir el ancho de banda necesario para transferir las imágenes sin que su calidad se degrade (o, al menos, no demasiado), y, por otra parte, para conseguir que el vídeo ocupe menos espacio en los soportes de almacenamiento digitales reduciendo la resolución del color, pero sin mermar el brillo.

La notación utilizada para describir el submuestreo del color tiene habitualmente el formato X:X:X, como 4:4:4, 4:2:2 o 4:2:0, entre otras opciones que también son posibles. En realidad lo más correcto es expresarlo de forma genérica como Y’CbCr, teniendo en cuenta que Y’ es la luminancia (la cantidad de luz emitida por el panel hacia nuestros ojos), Cb identifica a la componente del color azul, y Cr corresponde al rojo. Es posible que en Internet también os encontréis con la sigla YUV al hablar del submuestreo del color, pero lo único que debéis saber es que significa lo mismo que Y’CbCr, aunque es preferible utilizar esta última nomenclatura.

El submuestreo del color consigue reducir el ancho de banda necesario para transferir las imágenes hasta nuestra tele

Entender qué significa esta notación es más sencillo de lo que parece. Cada píxel tiene un valor de luminancia (Y’), azul (Cb) y rojo (Cr). La componente del color verde se calcula tomando como referencia las demás componentes y mediante cálculos bastante complejos. Ahora debemos imaginar una matriz de cuatro por cuatro píxeles, de manera que cada uno de ellos está definido por sus componentes Y’CbCr. La notación 4:4:4, que es la que nos ofrece más calidad porque no comprime nada el color, nos está indicando que todos los píxeles están identificados por su valor de luminancia, azul y rojo.

Sin embargo, si, por ejemplo, nos ceñimos a la notación 4:2:2, en cada una de las filas de nuestra matriz de cuatro por cuatro píxeles tendremos cuatro píxeles identificados por su luminancia (aquí no hay ningún tipo de compresión), dos píxeles alternativos identificados por su componente de azul, y otros dos píxeles alternativos identificados por su componente de rojo.

Matriz de 4 x 4 píxeles en formato 4:2:2

Otro ejemplo: la notación 4:2:0 nos está indicando que tenemos, en cada una de las filas de nuestra matriz, cuatro píxeles identificados por su luminancia y dos píxeles alternativos identificados por su componente de azul. En la siguiente fila tendremos de nuevo otros cuatro píxeles con su luminancia y dos alternativos con su componente de rojo.

Matriz de 4 x 4 píxeles en formato 4:2:0

En la práctica, la diferencia en términos de calidad de imagen entre 4:4:4 y 4:2:2 no es excesiva. Incluso 4:2:0 suele ofrecer una calidad bastante alta, aunque nos interesa tener en cuenta que la diferencia entre una opción y otra se percibe con más claridad cuando jugamos que cuando estamos viendo una película. Afortunadamente, las tarjetas gráficas de los PC, y las consolas de última generación, son capaces de detectar con mucha precisión cuál es el modo de submuestreo del color más avanzado soportado por la tele a la que se conectan, y lo activan.

Así es la tele ideal para jugar

Desafortunadamente, algunas de las características de las que os hablamos en este post, como la latencia de entrada o el tiempo de respuesta, no aparecen prácticamente nunca en las especificaciones que nos ofrecen los fabricantes de televisores. Nosotros hacemos lo que está en nuestra mano para ofreceros tanta información en nuestros análisis como nos resulta posible, así que os invitamos a que los consultéis.

Llegados a este punto disponemos de todos los datos que necesitamos para conocer qué características debe tener nuestro televisor de última hornada, eso sí, siempre y cuando queramos utilizarlo para jugar. En lo que concierne a la resolución es evidente que nos interesa que nuestra tele sea 4K UHD y tenga tecnología HDR si tenemos un PC o una consola de videojuegos capaz de aprovecharlo.

Así es el televisor perfecto para jugar: con baja latencia de entrada, mínimo tiempo de respuesta, panel de 10 bits, 120 Hz, 4K UHD y HDR. Puestos a pedir…

Por lo demás, como hemos visto, es crucial que la latencia de entrada sea baja (a ser posible de 20 ms o menos), que el tiempo de respuesta sea mínimo (de 5 ms o menos), y que el panel sea de 10 bits nativos, sobre todo si nos hacemos con una tele 4K UHD con tecnología HDR. Además, si tiene las certificaciones HDR10 y Dolby Vision, mejor que mejor. Y si el panel es de 120 Hz nativos, que ni pintado.

Obviamente, los modelos que satisfacen todos estos requisitos, que, por supuesto, los hay, pueden ser caros, pero el objetivo de este post es ofreceros toda la información necesaria para que, con las ideas bien asentadas, podáis elegir el televisor que mejor se adecua a vuestras necesidades y presupuesto, sacrificando, si es necesario, aquella prestación que en principio menos incidencia vaya a tener en vuestra experiencia cuando jugáis.

Imágenes | Wikimedia | CineDigital
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No todo es 4K y HDR: si eres un jugón, esto es en lo que fijarte al comprar una nueva tele

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Juan Carlos López

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Probamos el taxi autónomo de Lyft en Las Vegas: el futuro ya está aquí

No fue glamuroso, tampoco fue surrealista. No pasé miedo, más bien al contrario. Fue un trayecto bastante tranquilo, sin sobresaltos y en medio de la lluvia y los atascos propios de una feria como el CES, a la que este año asistieron 160.000 personas. Mi primer viaje en un taxi autónomo no fue como me lo imaginaba, y eso es bueno. Ésta es mi experiencia con el taxi autónomo de Lyft desarrollado por Aptiv, que estuvo haciendo viajes gratuitos por Las Vegas para dar una imagen realista de lo que es capaz la conducción autónoma a día de hoy. Tu piloto (no humano) está en camino A partir de la primera jornada oficial del CES (el pasado martes), se habilitó en la aplicación de Lyft la posibilidad de solicitar un taxi autónomo. Cualquier persona podía hacerlo, pero debía situarse cerca de una zona concreta del Centro de Convenciones de Las Vegas y, además, cargarse de paciencia porque la disponibilidad era limitada a poco más de una decena de vehículos con la tecnología de Aptiv. Teniendo en cuenta la alta demanda de taxis esos días en la feria, los tiempos de espera eran muy largos. En mi caso fueron treinta minutos. Probablemente nadie esperaría un taxi durante media hora, ¿verdad? Yo lo hice, pero es que tenía muchas ganas de conocer a mi piloto, que tenía valoraciones de 5 estrellas y se autodescribía así: El viaje era gratuito y se podían elegir más de 20 destinos desde el Centro de Convenciones de Las Vegas, todas ellas preconfiguradas. Es decir, no podías indicarle que te llevara a ninguna otra localización que no estuviera almacenada en la aplicación. Por suerte, mi hotel casino estaba en la lista. ¿Esto es un coche autónomo? La primera impresión del coche autónomo es que no parece un coche autónomo desde fuera. Estamos acostumbrados a ver prototipos de esta guisa: Prototipo de coche autónomo de Uber y Ford Es inevitable sospechar ante esa extraña joroba, pero en el caso del Lyft, se trata de un BMW 540i equipado con 10 radares y 9 sensores LIDAR en el que no se aprecia nada fuera de lo común a simple vista. Han querido camuflar los sensores y el resultado, más allá del tuneo de pintura y llantas, es evidente: Prototipo de coche autónomo de Lyft y Aptiv Por dentro tampoco hay nada raro, salvo una tablet Samsung situada en el asiento de atrás, que sirve para indicarle a nuestro piloto autónomo que estamos listos para iniciar nuestro viaje: La seguridad es lo primero ¿Y conduce realmente solo el taxi? Sí, pero en el viaje nos acompañó un piloto de seguridad, que situaba sus manos cerca del volante y al que teníamos prohibido dirigirnos. Esto era así porque, en caso de incidente, él era el responsable legal y debía estar atento ante cualquier imprevisto. A su derecha, en el asiento del copiloto, se sentaba un ingeniero de Aptiv, que nos fue contando cómo funcionaba la tecnología en todo momento y al que sí podíamos hablar. Sobre si conduce solo o no el vehículo hay que hacer dos matices: Por ley, en Estados Unidos no puede ponerse en marcha ni aparcar un coche autónomo, así que nuestro piloto de seguridad fue el encargado de arrancar y de estacionar el vehículo. En cuanto salimos a carretera, pulsó el botón y el sistema lanzó un mensaje de audio: "conducción autónoma activa". A partir de ese momento, el coche sí conducía solo. El coche autónomo pide permiso para cambiar de carril. En nuestro caso, el piloto cambió manualmente de carril una vez para situarse a la derecha. Era paradójico ver cómo un piloto profesional estaba ahí de mero testigo mientras nos enseñaba la tecnología que puede acabar con su trabajo en el futuro El resto del tiempo el piloto posaba sus manos cerca del volante en modo alerta y sus pies estaban alejados de los pedales. Era paradójico ver cómo un piloto profesional estaba ahí de mero testigo mientras nos enseñaba la tecnología que puede acabar con su trabajo en el futuro. La paradoja: un piloto profesional es testigo de cómo conduce solo un coche autónomo. ¡Me abuuurro! Parafraseando a Homer Simpson, la mayor parte del tiempo que duró mi trayecto se podía resumir en un rotundo "Me abuuuurro". Es cierto que los dos primeros minutos noté cierta inquietud. Estaba lloviendo, había un tráfico denso, mucha gente cruzaba sin mirar. Pero al ver que la respuesta del vehículo era suave y con antelación ante los dos primeros cruces de vehículos y personas, me empecé a tranquilizar. 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