Sonos One, análisis: el altavoz más sofisticado de su generación

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Sonos es un fabricante de electrónica relativamente joven —fundado en 2002—, situado en Santa Bárbara (California) y conocido por su esmerado servicio postventa, por ofrecer soporte perpétuo y actualizaciones durante años. También es popular por su serie de altavoces ‘Play’.

En Xataka hemos podido probar a fondo el reciente modelo Sonos One, primer producto de la compañía en ofrecer servicio integral con los asistentes por voz Google Assistant y Alexa. Y sí, estamos ante una verdadera bestia monocromo con conexión WiFi y Ethernet y compatibilidad con más de 60 servicios de audio. Durante semanas ha estado acompañándonos a todas las festividades navideñas, pasando de sala en sala y actualizándose cada poco.

Pero, por desgracia, los hispanohablantes nos quedamos sin sus funciones smart, una responsabilidad que recae sobre Google y Amazon pero que desluce una de las dos fórmulas nucleares de este parlante: comunicación inalámbrica y la relación potencia-control mayor posible. Veamos hasta dónde se cumplen cada una de estas facetas.

Sonos One, especificaciones técnicas

DIMENSIONES

161,45 × 119,7 × 119,7 mm

PESO

1.85 kg

TIPO DE ALTAVOZ

Monitor activo de 2 vías (medios y agudos), 2 amplificadores digitales de clase D integrados

FORMATOS COMPATIBLES

AAC, AIFF, Apple Lossless, FLAC, MP3, Ogg Vorbis, WAV, WMA

CONECTIVIDAD

802.11b/g a 2,4 GHz; puerto Ethernet 10/100 Mbps

CONTROL POR VOZ

6 micrófonos de largo alcance, funciones inteligentes con Google Assistant

OTROS

Resistencia a la humedad, posibilidad de emparejamiento estéreo

ALIMENTACIÓN

100-240 V CA, frecuencia 50-60 Hz

PRECIO

249 euros (disponible a la venta desde su web )

Primeros pasos

¿Qué es el Sonos One? No, es pregunta baladí. Es fácil perderse entre la nomenclatura “altavoz inteligente”. Estamos ante un altavoz que puede controlarse con nuestro smartphone, con funciones táctiles e inalámbricas y que cuenta con opciones multisala o para la automatización del audio en el hogar. Ah, y también es compatible con Amazon Alexa y el Asistente de Google. Pero sobre esto ya hablaremos más adelante.

A diferencia del altavoz Play:1, la marca apuesta esta vez por controles táctiles

A diferencia del altavoz Play:1, la marca apuesta esta vez por controles táctiles, frente a los tres botones físicos que incluía. Un único botón físico, en la parte trasera y con el símbolo del infinito, se encarga de la sincronización entre red, terminal y sistema. La interacción es algo más estilizada, desde luego, pero habrá quien eche en falta esa fisicidad de saber cómo cambiar entre pistas a ciegas, con sólo tocar el equipo.

Comenzamos conectando el altavoz a la toma de corriente de la pared mientras esperamos que se descargue la app de control —disponible tanto para Android como iOS, además de las versiones para escritorio—.

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El sistema no incluye herrajes para montaje en vertical —estos se distribuyen desde la web oficial— ni podemos alimentarlo de forma inalámbrica. A cambio, al no ver comprometido su espacio interior por una típica batería IonLitio, el rendimiento de audio promete ser espectacular.

Nada más arrancar la app nos pide conectarnos a una cuenta Sonos o crear una. A partir de aquí tendremos que seguir una serie de pasos donde concedamos al altavoz acceso a nuestra red WiFi. Durante unos segundos perderemos acceso a la red ya que el móvil hará de router mientras el Sonos One crea su propia red. Si no tenemos WiFi nos ahorraremos los pasos de introducir password con simplemente conectarlo al router mediante cable Ethernet (incluido en la caja).

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Una vez conectados tendremos que poner un apodo al altavoz y situar su posición en la casa —Sala de estar, Dormitorio, Cocina, etcétera—. Esto servirá para que, junto con la tecnología Trueplay, el altavoz suene de la mejor manera posible analizando el tamaño disponible en la estancia.

En este punto, si nos encontramos en territorio angloparlante, la app nos pedirá que accedamos a la aplicación del asistente. Huelga decir que en España no contamos con Alexa ni cómo activarlo, así que saltamos al siguiente punto.

Diseño: blanco por fuera, bestia por dentro

Nuestro modelo de pruebas se viste de un sobrio blanco roto al que no se le pega ni una sola huella. La rejilla esconde un enorme speaker frontal muy fácil de limpiar con una toallita. Y si de masa hablamos, estamos ante un altavoz robusto como él solo, de líneas suavizadas, esa belleza equilibrada de la que hablaban cuando Apple presentó sus (icónicos) iconos.

En el margen superior, como puedes ver en las fotos, nos encontramos con el símbolo del micro, un play/pause, y una circunferencia de LEDs que marcan una serie de funciones, tanto para aumentar el volumen como el salto entre pistas. El diseño, insistimos, es una delicia. A veces ignoramos este trabajo por obvio, pero en el caso de Sonos el hábito sí hace al monje.

Por supuesto, la belleza está en el interior. Es hora de hacerlo sonar.

Dame compatibilidad y déjame de líos

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Actualización mediante, la app nos deja elegir entre una pléyade de servicios entre los que se encuentra Apple Music, Bandcamp, Spotify, Amazon Music Unlimited o Soundcloud. La compatibilidad es total. La ruta a seguir es, desde los tres puntos, Más > + Añadir servicios de música, loguearse en el servicio correspondiente y conceder acceso al mismo. Éste se añadirá a la sección ‘Examinar’ y ya podremos entrar y salir desde ella con libertad. Pero aquí tal vez echemos en falta ciertas funciones.

A diferencia de otros altavoces bluetooth, Sonos One utiliza tecnología WiFi para tener acceso a un mayor ancho de banda y reproducir el sonido a más kilobytes por segundo. Seguimos necesitando el móvil/PC/Mac para reproducir la música, pero una vez sincronizado el sistema podemos usar los controles del propio dispositivo.

Si se pierde la conexión con nuestro smartphone Sonos One sigue reproduciendo lo que tenía asignado en cola

¿Para qué? Si se pierde la conexión con nuestro smartphone o queremos usar otra lista de reproducción en otra habitación, no hay problema, el Sonos One sigue reproduciendo lo que tenía asignado en cola.

¿El problema? No estamos ante un altavoz Bluetooth al uso. Si no posees cuentas de pago en ninguno de los servicios, olvídate de hacer streamcast desde esa playlist que creaste en Youtube. O esa versión free desde la web de Spotify que te resuelve las mañanas de tedio. Y, fuera de lo obvio, este modelo también impone una restricción adicional: el control a través de los distintos servicios.

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Es decir, si queremos hacer algo tan sencillo como reproducir la música alojada en nuestro equipo debemos acceder a través de algún servidor como PLEX, entrar en la app desde la app de Sonos y reproducir el contenido. Dos pasos que un altavoz Bluetooth resuelve en uno. Desde Sonos inciden en qué hace diferente a un simple altavoz Bluetooth este One: prefieren ofrecer calidad y control selectivo a que sus altavoces sean carne de cañón para cualquier escenario.

En cualquier caso, Sonos One es compatible con 43 servicios de audio/radio/podcasting y más que vendrán en el futuro —fuera de nuestras fronteras la compatibilidad sube hasta 84 servicios—. Además, todos los altavoces cuentan con el sistema de sincronización para reproducir la misma música en distintas habitaciones o viceversa.

No Alexa, no party

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Por supuesto, echamos de menos poder decirle a Alexa que baje o suba la música o ese mágico «pon ‘Life on Mars’ de David Bowie» mientras te duchas sin necesidad de tocar nada. Una pena no poder declamar «Alexa, reproduce mi playlist de ‘black metal mugriento’ en el salón» y que el Sonos One comience a disparar material.

Eso no nos priva de algunas funciones. Si mantenemos pulsado el botón del micro podremos hacer algunas preguntas al altavoz y éste se conectará con nuestro Google Assistant. El asistente ha ido desembocando en los distintos terminales Android durante los pasados meses de octubre-diciembre y el rendimiento es idéntico: si le preguntamos qué tiempo hará mañana o dónde comer, la información nos aparecerá después en el terminal.

Perder compatibilidad con asistentes como Alexa significa perder compatibilidad con Amazon Echo, con los canales interactivos de deportes y noticias, no poder pedir una pizza o privarnos del control de ciertos gadgets domóticos como bombillas inteligentes. Pero tampoco deberíamos olvidar que estamos ante un altavoz: y cuando de música se trata, es muy difícil encontrarle un rival.

Sonos suena “en Ultra”

Sonos One promete un rendimiento de eficiencia similar en patios exteriores y estrechos halls, sin reverberaciones. En la contrapartida musical hemos podido certificarlo pero, una vez más, no han podido ser probadas todas las funciones de voz, la efectividad con la que nos escucha o la eficiencia con la que habla el asistente.

Dicho esto, al lío. Empezamos con un tema caprichoso de producción ídem: ‘Too Good At Goodbyes’ de Sam Smith.

Las notas graves del piano y las distintas modulaciones tímbricas de Smith cuentan con cuerpo, con ese grosor impropio de otros altavoces Bluetooth portátiles. Cuando entra el coro, en el estribillo, podemos percibir las distintas escenas de la producción, unos en segundo plano, la cuerda en tercero. La prueba la redondean los subgraves del bombo, cuando hacemos retumbar la mesa sobre la que reposa probando el volumen máximo. De nueve.

Pero aún podemos darle un plus de volumen. Para modificar la compresión de audio debemos ir a Más > Ajustes y bajar hasta ‘Ajustes avanzados’, desde la que encontraremos la opción ‘Compresión de sonido’ y podremos elegir si comprimir o no hacerlo.

En la competencia de la imagen estéreo, dejando a un lado el frontal de la mezcla, percibimos medios muy estables pero agudos algo endulzados en exceso. Estilos como rock orquestal y demás lindezas quedan algo enterradas por este efecto. Se trata de una bruma armónica, no de una distorsión tonal.

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Dicho de otra forma, escuchamos con menor claridad, pero seguimos percibiendo las distintas líneas instrumentales. Como imaginarás, nada de esto sucede cuando coqueteamos con synthpop, electro sobreproducido o ambientes más recoletos propios del folk acústico. Pero emular una escena estéreo es algo muy sencillo. A nosotros nos interesa cotejar la profundidad de esa escena.

Y para ello usamos el Sinkovsky Plays & Sings Vivaldi, un álbum de 2014 con una prensa bastante irregular donde Dmitry Sinkovsky reinterpreta y casi reescribe líneas maestras y que a nosotros nos sirve para medir la amplitud espacial, la capacidad del Sonos One para emular reverbs y crescendos.

Y aquí es donde el monitor de la casa californiana se luce y presume de rendimiento. Otro sobresaliente.

Una aplicación todo-en-uno

Sonos One

No pocas veces la app tuvo un comportamiento irregular, con eventuales desconexiones, obligándonos a resetear la red WiFi y desconectar el altavoz. Eso sí, las actualizaciones aprovechan nuestra conexión y el rendimiento es fluido. Más aún si recurrimos, como fue nuestro caso, a la versión de escritorio para Mac —versión 8.2.3 de la app—.

En la versión móvil, la ruta siempre será idéntica: una primera pestaña editable desde la que se guardan nuestras listas de reproducción favoritas, guardando el historial de nuestro último uso. Excepto si la fuente no está correctamente taggeada, el sistema siempre reconocerá la información de pista.

El control de volumen y pista nos permite reproducir en orden o aleatorio —con un diseño emergente similar a Spotify— y la pestaña de Habitaciones nos permite tener un control centralizado de todos los altavoces y todas las líneas de reproducción, ajustando el volumen de cada uno. Por último, la lupa nos permite hacer búsquedas selectivas de artistas, canciones, álbumes, listas, emisoras, géneros o podcasts.

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Cabe decir que si estamos inscrito en el programa Beta y permitimos compartir datos de uso, la propia app cuenta con un histórico para saber qué escuchamos, desde qué sala, desde qué app y otros hábitos, en todos nuestros productos registrados.

Por último, una de las preguntas clave: ¿cuánto se aprecia la diferencia saltando de WiFi a conexión directa con el router?

Nuestro smartphone es la estación de control, no la fuente emisora. El sistema reproduce los archivos desde los distintos servicios asociados.

Bueno, esto depende de la calidad de la fuente emisora. Que nuestro terminal cuente con tal o cual DAC o sea compatible con LDAC, aptXHD es irrelevante, ya que el Sonos One hace streaming del material al uso: nuestro smartphone es la estación de control, no la fuente emisora. El sistema reproduce los archivos desde los distintos servicios asociados.

Eso no invalida la diferencia entre los típicos temas comprimidos amateur en SoundCloud con la librería nativa en Flac que puedas tener alojado en tu HD. Es percibible desde cualquier oído. En primer lugar porque notamos un salto de volumen bastante obvio. El resto es un debate estéril.

Sonos One, la opinión de Xataka

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Es imposible emitir juicios sin obviar un punto negro clave: Sonos One, en España, es mucho menos inteligente de lo que es en Estados Unidos, Reino Unido y Alemania. Hasta que no hable español, tendremos que conformarnos con la otra faceta. No puede ser usado sin conexión a Internet ni como altavoz auxiliar, lo que reduce su margen de acción.

Y como altavoz mantiene el aprobado con nota en todas sus caras. No es más grande que una lata de fritura de tomate —¡aunque pesa mucho más!—, pero alcanza un volumen suficiente aunque estemos en un salón de 10 metros cuadrados abarrotado de personas.

Basándonos en su facilidad de uso y las alternativas del mercado, no es fácil encontrarle un rival. Es discreto y firme, expansible a través de otros altavoces de la misma familia y con un futuro interesante a través de firmware: como sus propios fabricantes indican, este es un sistema que mejora con el tiempo. Y el historial de Sonos hace confiar en su promesa.

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Sonos One, análisis: el altavoz más sofisticado de su generación

fue publicada originalmente en

Xataka

por
Israel Fernández

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Probamos el taxi autónomo de Lyft en Las Vegas: el futuro ya está aquí

No fue glamuroso, tampoco fue surrealista. No pasé miedo, más bien al contrario. Fue un trayecto bastante tranquilo, sin sobresaltos y en medio de la lluvia y los atascos propios de una feria como el CES, a la que este año asistieron 160.000 personas. Mi primer viaje en un taxi autónomo no fue como me lo imaginaba, y eso es bueno. Ésta es mi experiencia con el taxi autónomo de Lyft desarrollado por Aptiv, que estuvo haciendo viajes gratuitos por Las Vegas para dar una imagen realista de lo que es capaz la conducción autónoma a día de hoy. Tu piloto (no humano) está en camino A partir de la primera jornada oficial del CES (el pasado martes), se habilitó en la aplicación de Lyft la posibilidad de solicitar un taxi autónomo. Cualquier persona podía hacerlo, pero debía situarse cerca de una zona concreta del Centro de Convenciones de Las Vegas y, además, cargarse de paciencia porque la disponibilidad era limitada a poco más de una decena de vehículos con la tecnología de Aptiv. Teniendo en cuenta la alta demanda de taxis esos días en la feria, los tiempos de espera eran muy largos. En mi caso fueron treinta minutos. Probablemente nadie esperaría un taxi durante media hora, ¿verdad? Yo lo hice, pero es que tenía muchas ganas de conocer a mi piloto, que tenía valoraciones de 5 estrellas y se autodescribía así: El viaje era gratuito y se podían elegir más de 20 destinos desde el Centro de Convenciones de Las Vegas, todas ellas preconfiguradas. Es decir, no podías indicarle que te llevara a ninguna otra localización que no estuviera almacenada en la aplicación. Por suerte, mi hotel casino estaba en la lista. ¿Esto es un coche autónomo? La primera impresión del coche autónomo es que no parece un coche autónomo desde fuera. Estamos acostumbrados a ver prototipos de esta guisa: Prototipo de coche autónomo de Uber y Ford Es inevitable sospechar ante esa extraña joroba, pero en el caso del Lyft, se trata de un BMW 540i equipado con 10 radares y 9 sensores LIDAR en el que no se aprecia nada fuera de lo común a simple vista. Han querido camuflar los sensores y el resultado, más allá del tuneo de pintura y llantas, es evidente: Prototipo de coche autónomo de Lyft y Aptiv Por dentro tampoco hay nada raro, salvo una tablet Samsung situada en el asiento de atrás, que sirve para indicarle a nuestro piloto autónomo que estamos listos para iniciar nuestro viaje: La seguridad es lo primero ¿Y conduce realmente solo el taxi? Sí, pero en el viaje nos acompañó un piloto de seguridad, que situaba sus manos cerca del volante y al que teníamos prohibido dirigirnos. Esto era así porque, en caso de incidente, él era el responsable legal y debía estar atento ante cualquier imprevisto. 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